Hace tres meses más o menos una amiga me invitó a un negocio.
Era sobre una nueva empresa que vendía comunicación digital. Compañeros en forma digital.
Un negocio que empieza muy sutilmente pero que alcanza grandes dimensiones y produce mucho capital a los que están dentro del grupo.
Nos explicaron sobre las ganancias millonarias y sobre como tenían el mercado bien analizado. Siempre las empresas tardan cinco años en convencer a los consumidores de la necesidad que tienen por consumir su producto y entonces después de eso ya no importa cuánto cobren, estarán tan acostumbrados a ellos que los consumirán de manera inconsciente y automáticamente.
Me invitaron por supuesto a ser la primera persona que llevara ese sistema a México y entonces me volvería millonaria al momento en que todos empezaran a consumir.
Yo los cuestioné: “¿No es eso engañar a la gente? Hacerles creer que están platicando con alguien que en realidad no existe solo para que paguen por un servicio y ustedes se enriquezcan?
Ellos refutaron: “Es muy útil. Los padres así ya no tienen que estar escuchando todo lo que sus hijos dicen una y otra vez. Mejor otra entidad los puede acompañar en su soledad”.
Esto me sonó aún peor.
Pero lo siguiente me dejó sin palabras.
Todos los que estaban en la sala escuchando eso dijeron: “¡Es verdad! ¡Hará nuestra vida más sencilla!”
Definitivamente me di cuenta que estaba en el lugar equivocado.
No quise comentar más.
Antes de rechazar la oferta y salir, el expositor dijo: “La próxima vez que inviten a alguien asegúrense de que tenga ambición por el dinero y no sea muy inteligente.”
Nada más que decir..
Solo quedar con la consciencia tranquila y entendiendo la importancia del papel que tenemos en fomentar la comunicación cara a cara.
Esto sin embargo también me hizo pensar en los ciclos divinos que me había explicado nuestro maestro con anterioridad.
Lo dejaré en el siguiente post “ciclos divinos”
