En cierta ocasión tuve la oportunidad de traducir para una guitarrista famosa de Paraguay.
Hacía mucho tiempo que no estaba tras bambalinas, entonces el simple hecho de estar arriba de un escenario traía una cierta emoción.
Después de presentarnos me dijo que ella tocaría una melodía.
En seguida me llamaría para que tradujera.
Algo muy breve.
Después de esa iba a tocar otra melodía de prueba para ver qué la guitarra seguía afinada.
Me dijo que si después de eso ella no me volvía a llamar, no me ofendiera pero significaba que la vibración de mi voz y la vibración de su guitarra no tenían buena sintonía. En ese caso. O hablaría y terminaría un poco más temprano el concierto.
Si por otro lado, la guitarra seguía bien afinada, entonces ella haría comentarios a lo largo del concierto y entonces yo podía entrar al escenario y traducir.
Esa fue la primera vez que escuché algo similar.
Me hizo recordar la película de La Sirenita (The little mermaid) sobre todo recordé a un amigo que le gustaba tanto esa película que me regaló una figurita de la misma. A veces damos por sentada nuestra voz, pero creo que debemos apreciarla más, así como todos nuestros sentidos.

¡Que siga el ser humano expresando sentimientos a través de la música!
La música nos hace vibrar.


