Esta mañana como todos los lunes a las 6 de la mañana salí a tirar la basura.
En esta época del año amanece tarde, entonces pude observar la luna llena en todo su esplendor.
El vecino ya estaba calentando el motor de su carro entonces después de hacer una reverencia para saludarlo llegué al cajón de la basura.
Mientras ponía la malla recordé como ese cajón lo había hecho un vecino que ahora ya está muy grande y al parecer vive en un asilo.
En Japón se tiene una sistema comunitario donde las colonias se dividen por bloques con sub líderes, que representan a su comunidad y un presidente que representa a una cierta zona.
Este rol se va cambiando cada cierto tiempo. Dependiendo del lugar puede ser desde un año hasta varios años.
En nuestra comunidad hace ya casi diez años tocaba a nuestro bloque designar al presidente de toda la comunidad.
Es un puesto que no muchos quieren tomar. No sé cómo fue que vinieron a pedirle a mi esposo que fuera el presidente, ya que aunque él seguramente estaría ocupado con su trabajo, yo podría cubrir las responsabilidades que conllevan este trabajo comunitario.
En aquel tiempo yo era conocida por hacer diferentes tipos de trabajos voluntarios en beneficio de los niños. Mis hijos eran pequeños y gustaban de hacer diferentes actividades. En Japón hay mucha libertad siempre y cuando exista un responsable. Era yo entonces responsable de muchos eventos y gracias a Dios siempre todo salió bien.
Cuando era entonces mi esposo presidente de la comunidad, entre una de las cosas que pudimos implementar fue poner un punto fijo con un cajón especial para tirar la basura.
En Japón lo normal es que la basura se saque al lugar designado a la hora designada. Normalmente entre 6 y 8 de la mañana. Para que no vengan los cuervos, gatos y otros animales a hacer tiradero se toman diferentes medidas.
En nuestra comunidad había sido un problema de toda la vida el tener que estar espantando a los cuerpos que se paraban al acecho esperando que una persona despistada dejara un hueco por dónde meter la cabeza.
Ese año, la vecina que tenía el lugar asignado frente a su casa me pidió que cambiaran el lugar porque ya estaba muy grande para estar siempre teniendo que limpiar el lugar.
Me pareció razonable entonces empecé a buscar un lugar más adecuado.
En diagonal a mi casa el terreno estaba baldío. Siempre lleno de coches viejos de colección.
Investigando descubrí que los dueños eran amigos míos entonces les pedí que nos dejaran poner en una orilla un contenedor. Ellos aceptaron con la condición que no se hiciera tiradero.
Muy contenta les agradecí.
Después otro vecino sugirió que le pidiera a un vecino que se la pasaba martillando frente a su casa que hiciera una especie de cajón para la comunidad y que se le pagará por hacerlo.
El vecino, que normalmente era un “cascarrabias” aceptó con gusto y ese es el cajón que nos ha ayudado a todos. Los cuervos desaparecieron de este lugar sin mayor dificultad.
Y así es como con pequeñas acciones, sin darnos cuenta vamos haciendo historia en este planeta.

