Mi vida ha estado marcada especialmente por la música y la danza.
Siempre me ha gustado todo tipo de danzas. Parecerían contrarias por el ritmo pero la danza mexicana y japonesa son mis favoritas.
La semana pasada en los talleres de entrenamiento para los tours uno de los directores mencionó que nuestro papel como guías de los turistas era proporcionales una experiencia única.
El dijo:” llevarlos al concierto, no dejarlos nada más escuchando el CD.”
El poder experimentar con todos nuestros sentidos es algo que se nos ha regalado en este mundo terrenal.
Desde chica para mí el escenario era un lugar que me traía mucha tranquilidad y felicidad.
En mi última presentación, el día de mi boda, mi maestra, Tamiko Kawabe QPD, le pidió a mi esposo que me dejara seguir bailando.
No tenía que ser el mismo estilo pero le dijo que para mi alma, la danza era indispensable. Fue por eso que continué en Iwakuni tomando clases de jazz y bailando en el escenario de vez en cuando.
Cuando mis hijos eran pequeños un día paseando por el parque vimos a un grupo de personas alrededor de un malabarista.
Nos acercamos a verlos y ahí fue donde una persona me entregó una invitación para asistir a las obras de teatro y diferentes eventos tradicionales con el grupo “Kodomo Gekijo”.
Un grupo de familias que reunía fondos para llamar grupos de teatro infantil y obras musicales.
En aquel tiempo mi esposo viajaba mucho al extranjero. Fue entonces ese nuestro lugar de refugio para salir a jugar los fines de semana y disfrutar de las obras en vivo. Fue ese grupo también el que llamó al autor del libro “Los niños que no pueden ser humanos”. Un estudio hecho sobre el efecto del excesivo uso de la televisión en los niños.
Las familias venían completas. Algo así como en México.
Había entonces varios papás y varias mamás además de todos los niños.
Fue ese grupo un gran apoyo para mí y un ejemplo para mi hijo.porque tenia la figura paterna dentro de esta comunidad.
Por lo mismo que eran personas con intereses afines a los nuestros, su carácter también nos era muy compatible.
Disfrutamos mucho no solo las obras de teatro, sino los días de campo para sembrar. Los días en la montaña donde aprendieron a hacer fogatas y a cortar árboles para hacer las casitas del árbol.
Llegó de pronto el momento en que la crisis mundial hizo que las empresas trabajaran menos. En ese tiempo regresó a Japón mi esposo y debido a que tenía muchos días libres aprovechamos para ir a pescar y disfrutar de la naturaleza.
Él también tuvo una infancia muy tradicional entonces más bien, al igual que este grupo de personas, él me enseñó a convivir con la naturaleza. Yo como buena citadina no sabía nada sobre siembra ni pesca. De hecho no sabía cocinar tampoco cuando me casé. Jajaja
Ahora quién diría que me piden a veces clases de cocina.
La tecnología se desarrolló muy rápido en Japón y es por eso que en varios lugares hay grupos que luchan contra el exceso de la misma. Son grupos que tratan de no utilizar tecnología en el día a día y hacen casi todo de manera tradicional.
Es por eso que no tuve ninguna dificultad en vivir sin ver la televisión en casa. De hecho, yo misma no había visto casi televisión en mi juventud . Mi papá nos inculcó a estar activos. Era por eso una persona de acción y cuando encendía la televisión no podía terminar de ver un programa cuando ya estaba dormida.
A diferencia de lo que pudiera pensarse, la mayoría de los atletas de alto rendimiento y músicos en Japón no usan muchos aparatos eléctricos ni electrónicos.
Los atletas son más bien entrenados en la naturaleza. Muchas veces la ruta más común que corren los equipos es al santuario del pueblo.
La mayoría de las veces están arriba de un monte y por eso deben subir corriendo muchas escaleras. Aquellos que hayan visitado Japón podrán recordar que siempre hay santuarios o templos subiendo un monte o largas escaleras.
Y dicen que para que el cuerpo se canse menos es preferible ir cantando por el camino.
Cuando llegué a este pueblo recuerdo que escuchaba las voces de los jugadores mientras entrenaban…. últimamente este país creo que se ha vuelto muy silencioso.




