Estaba un día el en salón de belleza cuando la señora de junto se presenta conmigo diciendo que es la vecina que vive frente a mí casa, del otro lado de la vía del tren.
La saludo y me pregunta si ya había elegido el kínder a donde irían mis hijos.
Le dije que sería el “Iwakuni youchien”
Ella me respondió: “¡Oh! Sí lo imaginaba.
Pertenece usted a la élite.”
Yo no entendí lo que quiso decir entonces pregunté a qué se refería.
Me dijo:
“Solo los matrimonios en donde la esposa no trabaja pueden asistir a ese kínder.
Todo lo que los niños usan debe ser hecho a mano por sus mamás. Además la colegiatura es igual que en cualquier otro kinder pero van solo casi la mitad de horas que en los demás lugares. Y también tienen eventos de beneficencia para la comunidad.”
Le agradecí por la información pero en realidad no le di mucha importancia.
Yo había escogido ese lugar porque cuando pasamos por ahí le gustó a mi hija y decía ella le quedaba cerca de la casa por si de pronto no quería ir y se regresaba a la casa.
Para mí era conveniente porque casi todos los demás eran budistas y yo siendo católica pensé que no los iba a poder instruir correctamente, entonces una iglesia protestante pequeña con kínder me parecía mejor.
Llegó el día de la explicación sobre lo que necesitarían para iniciar clases
El director, quien también era el pastor de la iglesia al finalizar dijo que abajo podíamos copiar los moldes para coser la batita de los niños.
Todas asintieron con la cabeza y yo la verdad no entendí muy bien pero bajé con todas a ver los moldes.
Algunas se acercaron a mi y me preguntaron que talla buscaba y me ofrecían sus tijeras para cortar.
Yo no tenía la menor idea de cómo sacar un molde. Mucho menos, hacer ropa. Jajaja
Me disculpé y salí de ahí porque tenía mi clase de arreglo floral japonés.
Una vez con mis amigas les platiqué mi experiencia.
Ellas se rieron y me dijeron que seguramente yo no sabía coser.
Estaban en lo correcto.
Una de ellas se ofreció a hacerme todo lo que necesitaba.Yo muy contenta le agradecí
Ella me preguntó si había tomado el molde.
Por supuesto que no, le dije. …
Todas reímos mucho
Me dijo que conocía a otra persona que también tenía ahí a su niña entonces lo conseguiría fácilmente.
Fue así que a los tres días yo tenía todo muy bien hecho y más que sorprendida por la velocidad y la calidad de la ropa y bolsas.
Pasaron unos meses y ya era amiga yo de la persona que le había prestado el molde a mi amiga.
Un dos de diciembre nos encontramos en la entrada del kínder.
Me dijo que iba a la reunión de amas de casa y me invitó a acompañarla
Fui con ella. Era además mi cumpleaños y sería bonito festejar con más gente.
Fue así como conocí “Tomo no Kai”.
Un grupo iniciado por la periodista Hani Motoko de vanguardia hace muchos años para mujeres que ayuden a las mujeres más inexpertas en los oficios del hogar.
Se canta, luego se hace una lectura y empiezan a estudiar desde como limpiar la casa, hasta como administrar la casa para vivir en abundancia.
Hace mucho tiempo que no pertenezco al grupo pero podría decir que es en uno de los lugares donde más aprendí de Japón.
Todo es hecho a mano a la manera tradicional japonesa. Mis hijos crecieron también en ese ambiente y es por eso que desde pequeños saben cocinar, limpiar y organizar sus cosas de manera independiente. Fueron mis compañeros de clase en el aprendizaje de las labores de casa, y así yo fui su compañera de juego.
Creo que eso fue crucial en mis primeros años de vida como mamá en Japón.
Mi hermana Adriana que me visitaba cada año aprendió ahí a tejer, bordar y hacer ropa. Todo eso lo aplica en su vida diaria y por eso tiene todos los adornos de su casa originales hechos por ella misma.
Aprendí tanto en Tomo no Kai que podría tener un blog solo para compartir la sabiduría que guarda.



