Mi nombre es Eva Román. En Japón me conoce la gente como Nakashima Eva, por ser el apellido de mi esposo, aunque no es mi nombre “oficial”.
Les platicaré brevemente sobre lo que hago en Japón.
A los 25 años conocí a mi esposo trabajando como intérprete de japonés -español.
Ahora tengo 51. Y yo siempre pensaba que si había llegado a los 25, entonces viviría hasta los 50 en Japón, y luego los siguientes 25 años pasaría la mitad del año en un país y la mitad del año en otro. No sabemos si será así, pero por lo pronto aquí estoy con ustedes.
Tenemos dos hijos. Los dos ya trabajan y viven por su cuenta digamos desde hace dos años, entonces eso me deja tiempo libre para compartir algo de mi experiencia con otros jóvenes de distintas partes del mundo.
Cuando llegué a vivir acá, no tuve realmente ningún problema en cuanto a la comunicación. Conocía también la cultura porque había viajado desde chica a ese país y había estudiado en el Liceo Mexicano Japonés. Aún así, claro que encontré diferencias que de repente me sorprendían mucho.
Por ejemplo, algo muy sencillo como el lugar donde se guardan los zapatos.
¿Dónde guardan los zapatos en su casa?
Yo llegando, estuve viviendo en casa de mis suegros y guardé todos mis zapatos en mi closet.
Un día andábamos de compras y le dije a mi esposo que no tenía donde colgar mi ropa, entonces que si no había manera de ponerle un tubo al closet o algo. Él me dijo que sí se podía pero como no sabía la medida llamó a su casa y le pidió a mi suegro que fuera a medir el ancho del closet para comprar el tubo.
Mi suegro fue a hacerlo y al abrir y ver todos mis zapatos se espantó. Dijo que ¡cómo era posible que hubiera metido los zapatos a la casa?! Y yo le respondí que ahí era donde los guardaba normalmente. No los había metido debajo de la cama porque como no teníamos cama, sino que son colchonetas, no encontraba otro lugar. Entonces ya me explicaron que en la entrada de la casa hay un mueble exclusivo para guardar los zapatos. Yo la verdad no me había dado cuenta. Pensaba que era un mueble para poner las flores de adorno en la entrada.
Detalles pequeños que no tienen gran importancia y situaciones que implican diferentes costumbres como por ejemplo las bodas.
Una vez llegó mi esposo con una invitación para una boda.
Yo me emocioné. ¡Guau!¡Qué bien! Vamos a una boda.
Él me dijo: No, no voy a ir.
Yo le dije: No seas descortés. Te han invitado, creo que debemos ir a menos que tengas otro compromiso ese día.
Me dijo nuevamente que no, no iría.
Yo seguía insistiendo, hasta que me dijo
El problema es ese. En ningún momento dije “vamos”. Dije “voy”.
Entonces me quedé pensando y le pregunté ¿No me quieres llevar?
Y lo que me dijo es que en Japón cuando recibes una invitación es solo personal. Solo la persona que recibe el sobre es la que puede ir. No es como en México que te ponen dos boletos en el sobre de la invitación.
Entonces la invitación era para él solo, no para los dos.
Pero como sabía que me pondría triste por eso decía que no iba a ir.
Entonces ya estuve de acuerdo con él. “Tienes razón. Entonces no vayas”.
Cuando hay entendimiento entre la pareja puede uno llegar a un acuerdo como en este caso, pero cuando no, sucede que el marido se va a la fiesta y deja a la esposa triste en casa sin saber qué pasa. Pensando que a lo mejor no quiere que la conozcan sus amigos y mil otras cosas, pero para ellos es lo más normal.
Entonces puede uno hacer dos cosas. Adaptarse a la cultura de ellos, o hacer que ellos se adapten a la cultura de uno. ¿Correcto?
EL libro que escribí lo titulé “El Japón que yo viví” por varias razones. Entre ellas la principal es que estos últimos años ha cambiado mucho la sociedad (yo diría que incluso en todo el mundo).
Cuando yo llegué a Iwakuni, la gente me veía y algunas personas se acercaban a mí para pedirme que les diera clases de inglés. Yo, afortunadamente hablaba inglés, entonces aceptaba, pero les preguntaba si no tenían interés por el español, que era mi lengua materna. Toda la gente me decía que no. Pero no lo pensaban ni un segundo. Inmediatamente me respondían “no. ¿para qué? Si no tiene ninguna utilidad”. Yo me ponía a pensar en todos los países de habla hispana que hay en el mundo, pero también pensé: voy a hacer labor para que llegue el día en que todo mundo quiera aprender español- Y ya llegó ese día.
Otro aspecto que me había dejado impactada era el hecho de que las fiestas fueran tan cerradas. Que no hubiera convivencia entre las familias. Entonces también después que nacieron mis hijos y empezaron a ir a la escuela, hacíafiestas de cumpleaños e invitaba a todo el salón de clases y les decía que podían traer a quien quisieran. Sus hermanos, papás, amigos etc…
Y no es que tengamos una casa muy grande, pero para el tamaño de las casas japonesas, tiene mucho espacio en el estacionamiento porque no construimos barda. Dejamos todo el espacio abierto sin reja ni barda, entonces se siente amplio el lugar.
Es una casa con jardín, relativamente grande para el tamaño de las casas en Japón, pero cerca hay un parque entonces después de comer el pastel en casa me llevaba las bebidas y la botana al parque con todos los niños. Así la gente de nuestra comunidad se empezó a acostumbrar.
En mi casa mi esposo, como buen japonés, era estricto en eso de la limpieza y el orden. Entonces la casa tenía que estar limpia y en orden cuando él llegara por supuesto.
Yo era libre de hacer lo que quisiera siempre y cuando no le pidiera ayuda porque él regresaba cansado de trabajar. Yo estaba muy contenta entonces de tener la libertad de moverme como quisiera.
Lo que hacía entonces era dejar que todos jugaran e hicieran todo lo que quisieran, pero a las cinco de la tarde otra vez teníamos que dejar todo como estaba originalmente. Generalmente a los niños les gusta jugar con tierra y agua. Escarbaban ríos y llenaban de agua todo el jardín, pero a la hora de guardar, rápidamente agarraban su pala para volver a tapar todo con tierra para que mi esposo pudiera entrar con su moto cuando regresara de trabajar.
Hicimos una buena comunidad.
Toda la gente me decía: “¡Se adaptó muy bien a la cultura japonesa!” Hasta que en una ocasión una señora me dice “Usted es muy inteligente. Les hace pensar que se adaptó a la cultura, pero más bien usted los hizo cambiar a su forma de ser. Más bien ellos se adaptaron a su cultura.
Y siempre viví muy feliz hasta que conocí a diferentes familias de papá japonés y madre latina.
Un señor llamado Yokoyama había iniciado un grupo “internacional” y organizaba pláticas sobre distintos países cada mes. Inició su grupo, pero en realidad no conocía muchos extranjeros, entonces me pidió que le ayudara a buscar extranjeros para su evento. Fue así que conocí más extranjeros con una vida muy diferente.
En ese tiempo era yo joven y no pensaba mucho las cosas. Ahora que ya soy mayor, puedo ver atrás y entender un poco más la diferencia en el tipo de vida que tuve yo y el que tuvieron otras personas. Es por eso que veo que ahora llegan jóvenes mexicanos a vivir a Japón y trato de convencerlos de no cambiar su forma de ser. De mantener su espíritu alegre. La mayoría llegan sin hablar japonés suficientemente como para poder negociar distintas cosas.
En las sociedades muy “avanzadas” todo está tan sistematizado que si uno quiere hacer algo diferente a lo que hacen los demás te dicen inmediatamente. “Eso no se puede” “Así no se hace”. Entonces lo más común es que se le vayan las ganas a uno de actuar. Pero si por ejemplo son un poco más curiosos preguntarán “¿Por qué no? De esa manera uno encuentra a veces otra salida o otra solución sin alterarles sus principios. Pero para esto se necesita un buen manejo del idioma.
Aquellos que quieran vivir en Japón les recomiendo que estudien el idioma. La vida no es fácil. La mayoría de los jóvenes llegan con muchas ilusiones pensando que …. Bueno más bien lo que casi todos me dicen es
NO sé que estaba yo pensando….
Más bien, no pensé…
Es una sociedad muy diferente, muy estricta en muchos sentidos, pero no es imposible tampoco.
Si necesitan ayuda o se sienten frustrados es importante pedir ayuda en un primer lugar diría yo que a la familia en México.
Cuando yo me casé mi papá le dijo a mi esposo “Si un día te arrepientes y piensas que mejor no te hubieras casado, no te apures. Inmediatamente me puedes devolver a mi hija, porque es muy valiosa para mí y siempre la recibiré con gusto. “
Entonces mi esposo respondió “La cuidaré para que no me pida usted que la devuelva”.
Esas palabras creo que fueron el regalo más valioso que recibí en mi boda.
La mayoría de las personas que yo encuentro en situaciones de difíciles en Japón les pregunto si ya pidieron ayuda a sus papás o familia en México. Lo que todas me contestan es. “No”
¿Saben por qué? Me dicen es que mi papá me dijo que no me casara con esta persona.
Hablando de idioma, siempre busquen utilizar buenas palabras. Una buena palabra siempre deja una buena impresión.
¿Saben porqué una mala palabra es peor que un golpe?
Porque el golpe va al cuerpo, pero la palabra golpea el alma, entonces es muy difícil de curar.
En un principio fui intérprete de español-japonés. Al final más bien yo lo definirá como negociadora bilingüe. Sobre todo, en los entrenamientos previos a las olimpiadas con tantas restricciones que se habían estipulado había que hacer negociación día y noche.
Este libro lo escribí no para vender ni porque quisiera ser escritora. Es más bien una recopilación de memorias que quería dejar para mis hijos. Sucede que una amiga que hacía muchos años no veía me invitó a quedarme en su casa en una visita que hice a México durante la pandemia. Hacía tanto que no nos veíamos que le pareció que mi vida era muy diferente a lo que ella había imaginado, entonces me dijo que quería escribir un libro de mi vida. Le dije que le podía compartir lo que tenía yo escrito y solo le di un poco de forma para que se entendiera un poco mejor. En ese tiempo el correo no funcionaba bien entonces no podía yo mandar copias a México y un amigo me sugirió que lo pusiera en Amazon.
Me dijo que así podría hacer el pedido y ellos lo entregaban en el país que yo quisiera. Me pareció bastante razonable, aunque no sabía si lo iban a aceptar o no, pero sí a los tres días me llegó un aviso de que ya estaba a la venta por Amazon en distintas partes del mundo.
No es entonces un escrito perfecto, pero creo que muchas veces la gente busca hacer las cosas tan perfectas que termina no haciendo nada.
Podría hacer la revisión del mismo y volver a ponerlo para vender, pero en realidad yo quise cerrar con eso un capítulo de mi vida y continuar con lo que el destino me tuviera preparado.
En nuestro caso fue una coincidencia que tanto Yuka nuestra hija que acaba de cumplir 22 años y Hiro que cumplió 20 empezaran a trabajar al mismo tiempo. El primer año Yuka trabajaba cerca de la casa y descansaba entre semana. Hiro descansaba en fin de semana, entonces se turnaban para regresar. No estuve realmente sola. Parecía hotel mi casa porque mi esposo estaba viajando también constantemente a Estados Unidos. Fue como un año de adaptación. Después de eso, ahora sí me llegó el momento de estar por primera vez sola en casa desde que llegué a vivir a Japón. Claro que seguía dando mis clases de baile, de español, inglés, desarrollo infantil, etc… Sin embargo, es entonces cuando se pone uno a pensar “’¿Para qué estoy en Japón?””¿Es realmente necesario que esté yo en mi casa todo el tiempo?”
Cuando mis hijos salieron de casa y empezaron su vida, empezaron a aparecer muchos muchachos jóvenes de distintas nacionalidades que me pedían ayuda o consejo de alguna u otra manera. Es por eso que pensé que a lo mejor era momento de compartir mi experiencia y ayudar a los jóvenes a mi estilo.
¿Cuál es mi estilo?
A mí siempre me ha gustado viajar, conocer, bailar, hacer fiestas y eventos. Entonces pensé que haciendo eventos y combinando las habilidades de los jóvenes de distintos países podríamos hacer eventos interesantes que lleven alegría a las distintas partes del mundo.
Les pongo el ejemplo de una hoja de papel.
Para cada persona una hoja tiene un diferente significado.
Para ustedes qué significa.
Piensen un ratito y ahorita les doy una mejor pista para que puedan imaginar un poco más.
Origami
Abanico
Escrito (poema)
Cuchara
Juguete (guerra de naves)
Mi papá nació y creció en un pueblito de Guerrero que se llama Teloloapan.
No tenían dinero, entonces vivían ayudándole a su mamá a lavar ropa en el río. Para eso tenían que cruzar los montes y colgar a secar la ropa para llevarla de regreso después de lavarla. Decía que cuando llovía corrían todo lo que podían porque si se mojaba la ropa pesaba demasiado. Ellos no tenían zapatos, casi ni lápices para ir a la escuela.
Sin embargo, sus primos eran los dueños del pueblo. Tenían mucho dinero pero no les gustaba estudiar, entonces él para ganar un poco de dinero y poder comprar sus útiles les hacía la tarea.
Esa es una de las razones por las que después de que tuvo éxito y a nosotros ya no nos faltó nada, nos trató de dejar todo dentro de nuestra cabeza. Él decía que si llevábamos las armas dentro de nuestro ser podríamos levantarnos las veces que fuera necesario con facilidad. Por eso desde chica tuve la oportunidad de viajar a muchos países, conocer gente y muchos lugares. Además de aprender idiomas que me ha permitido entender muchos de los secretos que guardan países misteriosos como Japón.
Por eso me doy cuenta de los valioso que somos también como mexicanos. Yo les quiero decir que no importa al país al que vayan. Deben sentirse orgullosos de ser mexicanos, de tener esa chispa de alegría que es cada vez más escasa en el mundo. Sobre todo, el mundo que llaman desarrollado. Que no se dejen apagar ni controlar por personas que no tienen buenas intenciones. Si tienen duda sobre algo o temor, pregunten pidan ayuda.
Mi papá siempre me dijo que confiara en la gente. Que a lo mejor una o dos no eran buenas, pero en su mayoría la gente es buena. Con ese principio he vivido y por eso confío en la gente.
No nos dejaba ver tampoco la televisión. Solo muy de vez en cuando lo hacíamos, no era algo que prendiéramos todos los días.
Es el medio de manipulación más grande que existe en el mundo. Inconscientemente la gente se sugestiona y agarra ideas de cómo deben ser las cosas. Hasta que ve a otra persona que hace las cosas de otra manera se da uno cuenta que nada es absoluto y que hay muchos caminos.
Me gustaría que todos tuvieran vidas tan bonitas que todos quisieran escribir libros inspirados en sus experiencias, en la gente que conocieron, en los descubrimientos que hicieron.
Antes de venir a México le pregunté a mis alumnos, que ya son mayores ¿Cómo titularían al libro de su vida?
Uno de ellos dijo:
No todo fue fácil, pero fue muy divertido.
El otro dijo
Todos los días son domingo
Creo que cada quien tiene distintas habilidades, distintos sueños, entonces cuando no sepan que hacer no le pregunten a la razón, sino a su corazón cuál es el camino a seguir. Estoy segura que les dará mejor resultado y podrán disfrutar mucho.
Comparto unos videos hechos por mi hija en aquellos tiempos.

