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Traducción del discurso en japonés al español↓


Hace 15 años, cuando mis padres habían dejado este mundo, en México iniciaba la moda de volar sobre la ciudad en globo aerostático.  

Mi razón principal para regresar a México había desaparecido. Decidí entonces tomar un vuelo en globo con mis hijos para despedirnos de nuestro gran México.  

Observando desde arriba, todo se veía muy pacífico. Había calles y edificios de los que nunca me había percatado; incluso el movimiento de las personas se veía muy claramente.

De pronto pensé “Dios nos cuida desde el cielo. Es por eso que para ayudarnos a conseguir nuestros sueños nos ilumina el camino adecuado a seguir. “

Empecé a recordar como mi padre me enseñó a avanzar por la vida.

“Hay que fijarse bien antes de cruzar una calle peligrosa… aquí camina con cuidado… si damos vuelta aquí cortaremos camino… si nos brincamos esta barda podremos continuar avanzando… acá creo que será mejor pedir ayuda…”

Mi papá nunca dijo “eso es peligroso, no se puede, imposible”. Por más difícil que parecieran las cosas, siempre buscaba la manera de hacerlas. “Si no puedes solo, busca ayuda, estudia, investiga.”

Además me decía “la gente con corazón noble es más querida por el universo que la gente que desconfía de todo. Cuando una persona reza, lo primero que Dios hace es ponerte a una persona cerca. Esa persona sin siquiera saberlo, te dará alguna clave dentro de la conversación. Cuando recibas esa información debes accionar para iniciar el cambio. A algunos les tocará hacer algo cerca, a otros iniciar un negocio lejos, otros más irán a otro país. Eso no lo sabemos. Tampoco sabemos cuál será la ruta a seguir, pero si cuando Dios te ilumina un camino das un paso en esa dirección, sin duda el resultado será positivo.”

Estaba yo absorta en mis recuerdos cuando escuché:

“¡Doblen las rodillas, vamos a aterrizar!”  

Miré hacia abajo y vi cómo la gente iba y venía corriendo siguiendo la dirección del globo. Esto me hizo pensar en el lugar donde bajaríamos, por lo que pregunté al piloto.

“Por cierto, ¿Cómo controlan el rumbo del globo?”

Él me respondió “El globo es como la vida. El rumbo que toma se le deja al viento. Si queremos hacer maniobras para controlar la dirección, nos podemos caer.  

Lo único que podemos nosotros controlar es el fuego. La energía con la que nos elevamos al prender el fuego, o descendemos al apagarlo.”

Sus palabras resonaron dentro de mí.

Si cuando visité Japón por primera vez a los 9 años hubiera sabido que en el futuro sería madre en Japón, me habría sorprendido demasiado.  

Ahora que puedo ver atrás, me doy cuenta de que todo lo que sucedió en mi vida no fue casualidad, más bien, una Guía Divina.  

Gracias

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